VIDA

Toda la vida de la Misionera de la Providencia está marcada por el carisma de la Providencia, que la lleva a poner todas sus cosas en las manos de Dios para que Él las envuelva con su amor de Padre.

            Este amor providente lo hace realidad día a día en su trabajo cotidiano, especialmente en el campo de la educación con niños y jóvenes. También las familias son objeto de sus cuidados y preocupaciones.

            “Las Hermanas han de procurar  encarnar en ellas este espíritu de fe en la Providencia, de forma tal que lo ofrezcan a los hombres en una continua evangelización”. (Constituciones nº 102)

            Para llegar a esta certeza y convicción de que el amor de Dios tiene que envolver toda su vida, la joven que desea entrar en esta Congregación ha de recorrer un camino y llevar a cabo un proceso de discernimiento y de acompañamiento que la ayuden a descubrir si realmente Dios la llama a vivir el espíritu de esta congregación. Son las etapas de la formación inicial: Postulantado, Noviciado y Juniorado. Una vez concluidas estas etapas, la Misionera de la Providencia ha de seguir desarrollando una formación permanente que durará toda la vida.

POSTULANTADO

            Es el comienzo de un camino hacia la vida religiosa. Es la etapa en la que la joven inicia un proceso de discernimiento vocacional. Es tiempo de búsqueda, tiempo de descubrir y potenciar los propios valores y capacidades personales. En esta etapa la joven se esforzará por ir adquiriendo valores humanos, religiosos y un conocimiento y aprecio a la Congregación de la que desea formar parte.

            Su duración será normalmente de un año, aunque este tiempo se puede alargar, según el criterio de la formadora. Se puede añadir una etapa de Prenoviciado, si se ve conveniente.

NOVICIADO

           

  Es una etapa fundamental en la formación de la joven. Su duración normal es de dos años.

  La novicia está llamada a tener una profunda experiencia de Dios, a esforzarse por vivir las Virtudes  que han de adornar a la Misionera de la Providencia, especialmente en el desprendimiento, la humildad, la vida de oración y una profundización en el carisma.

JUNIORADO

    Esta etapa comienza con la Profesión de los Votos temporales. Es una etapa de afianzamiento en la opción fundamental de seguimiento a Cristo en la Vida Religiosa. Es también una etapa de búsqueda de lo esencial. La Juniora debe vivir esta experiencia para madurar y confirmar su vocación, consolidando y afianzando los elementos del carisma y el espíritu de la Congregación. Debe integrar en su vida cuatro aspectos fundamentales: experiencia de Dios, comunidad, misión y estudios.

   Cumplidos seis años desde la primera Profesión, la Juniora puede solicitar la admisión a la Profesión Perpetua.

FORMACIÓN PERMANENTE

      “La formación permanente entre las Hermanas tiene como finalidad la continuidad en la formación de la Misionera”. (Const. Nº 130)

        “Tenga presente la Misionera de la Providencia que la vocación a la que ha sido llamada exige una revitalización constante, de forma que crezca  por todos los medios en Él, que es la Cabeza” (Const. Nº 131)

       La formación es un camino que dura toda la vida. Se trata de una exigencia constante de fidelidad a nuestra vocación de religiosas de vida apostólica, de renovación interior bajo el impulso del Espíritu Santo. Es un proceso continuado de conversión, de crecimiento y maduración, de adhesión a Dios y de un compromiso fecundo de construcción del Reino.